Todo empezó con una pregunta simple: ¿cuántas familias de nuestra comunidad tienen libros en casa? La respuesta, relevada a través de un diagnóstico participativo hecho por nuestros propios estudiantes, mostró desigualdades muy concretas en el acceso a la lectura, tanto en nuestro país como en otras comunidades de la región.
En muchos hogares, leer con los más chicos no es una práctica frecuente, y en varios casos directamente no hay libros disponibles. Sabemos que esa lectura compartida en la primera infancia es uno de los mejores predictores de la alfabetización futura. Así que decidimos hacer algo al respecto: no solo hablar del problema, sino escribir la solución.
Nuestra misión: garantizar el acceso a la lectura, un cuento a la vez, poniendo a los propios chicos, chicas y adultos en el rol de autores y agentes de cambio.